El viernes pasado conseguí acabar la noche en casa de una tía que me gusta mucho. Estabamos bebiendo una botella de vino cuando me dice “Me gusta estar contigo porque aprendo mucho. Además eres un amigo estupendo. Que bien que no nos hemos enrollado”. Sin pensarlo me levanté muy enfadado y le dije “Si quieres aprender te compras un libro, y si quieres un amigo te compras un perro” y me fui. Ahora ni ella ni ninguna de sus amigas me hablan. Mierda de vida.
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